El Narrador o el fuego del Santo Helmo, a manera de preámbulo

El amor entre Femilena y Beggar surgió hace 6 meses.

Al fin me he decidido a trazar las primeras líneas de esta ¿historia? Sí, en cierto modo. He barruntado por mucho tiempo, pergeñado ideas sobre cómo, qué poner en este sitio.

Primero tuve la ocurrencia de pensar todo como una novela, un libro completo, con principio y final. Pero, al comienzo, las aventuras eran escasas o de poco interés. Luego, tracé una trama para contar la historia de mi familia, mi origen y derroteros. Sin embargo, ahora la celeridad con que ocurrieron las cosas desde que regresé a Second Life en abril de 2017 se impusieron y el proyecto quedó en eso, nada más, de promesa en promesa, como en el cuento de Pedro y El Lobo; pero, el lobo, hoy, ya está aquí.

Después pensé escribir estas entregas como eso, entregas de una novela por episodios. Otra vez resultaba poco apropiado. Qué contar, cómo lidiar con la ficción y la virtualidad de la realidad, si cabe decirlo así; de lo vivido en mi existencia paralela. Deseché entonces la idea.

Pensé más tarde elaborar una novela ilustrada; pero, el problema persistía, la trama no conseguía sustentarse con miras a dar cabida a las aventuras cotidianas en Second Life, ¿cómo justificar los antecedentes frente a lo actual y, viceversa, cómo ajustar lo actual en virtud de los antecedentes propuestos en mi vena creativa como fundamento de mi historia? Además, la ilustración de los pasajes habría sido un dolor de cabeza. O tendría muchas ilustraciones sin razón de ser a efecto de la trama o estas desviarían la atención de lo pretendido o, peor aún, en una cultura como la actual sumamente visual, el equilibrio entre texto literario y texto gráfico habría resultado en un desastre, perdiendo la atención de quienes pudieren interesarse en lo que aquí se quiere narrar desde mi pluma.

También me propuse la posibilidad de manejar estos contenidos como si diario o bitácora personal; pero, los cambios de los acontecimientos desde mi regreso lo hicieron, no inmanejable, empero algo inadecuado desde el punto de vista literario.

Así, tras muchos intentos, hoy he decidido hacer una especie de mezcla entre el diario y la novela ilustrada. Sin una trama específica, iré tomando imágenes aisladas de mi paso por Second Life, una por entrega y el blog que ahora siguen tus ojos será más bien una bitácora de memorias, mejor que diario; una especie de síntesis post facto más propia del reality show (en este caso del virtuality show) donde iré plasmando los distintos momentos que hacen y han hecho no solo mi historia, sino la de mi familia y los otros avatares con quienes me he topado en mi ya larga existencia de 10 años en ese mundo paralelo.

¿Quién escribe esto? ¿Yo, Beggar Mayo Slaegon, el escritor de la familia? ¿La persona detrás del avatar? Ambos. Los mismos que habitan desde hace pocos meses, seis, para ser exacto, en unos divinos ojos verdes en cuyo verde fuego del Santo Helmo hallo y he hallado nuevos motivos para existir.

En esos ojos he encontrado la razón que sustenta a mi nuevo yo, en tanto personaje; a mi nuevo yo, en tanto avatar que proyecta una personalidad real sobre un mundo virtual. A mi nuevo yo, no solo en tanto escritor real, sino en tanto escritor virtual. Porque he descubierto que la vida, aquí como allí es una sucesión de deseos realizados en sueños bien o mal logrados; es un constante esperar lo inesperado, un estúpido interés vacuo por planear lo implanificable del destino.

Lo que seguirá a este preámbulo no será un primer o un último capítulo de una novela. No serán apuntes diarios de una vida desmadejada, sino memorias de un conjunto de personajes que, a su modo, nos irán presentando momentos, piezas de una historia que juntos iremos narrando, como Dios nos de a entender.

Y qué mejor manera de entender las cosas que a partir del amor. Del amor que es principio y fin de todo. Del amor que surgiera entre Femilena y yo, Beggar Mayo Slaegon, el narrador.

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